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Salvador Giménez Valls

Salvador Giménez Valls

9 de diciembre de 2018

Queridos diocesanos:

Es ésta una semana muy festiva que se presta a descanso laboral y a la utilización de los llamados puentes vacacionales. Fiestas civiles y religiosas se mezclan para regocijo de muchos de nosotros. Y no sólo de niños y jóvenes.

Mi reflexión de hoy gira en torno a una figura singular, María de Nazaret, cuya colaboración es solicitada por Dios para cumplir con su plan de salvación para la humanidad. En los evangelios se narra el momento en el que el ángel enviado por Dios pide a una joven del pueblo judío si acepta ser la Madre de su Hijo. Ella asiente y, con humildad y valentía, recoge la palabra divina y afronta el reto de ser instrumento de la voluntad del Altísimo. Situar la fiesta de la Virgen Inmaculada en este tiempo del Adviento tiene unas connotaciones importantes para la vida cristiana, si bien a lo largo del año abundan advocaciones distintas sobre la Madre de Dios.

Escribo este comentario unos días después de haber celebrado la fiesta de nuestra Patrona, la Virgen Blanca de la Academia. Hubo mucha participación tanto en los actos litúrgicos como en el Certamen literario. Quedamos todos contentos y agradecidos a la Junta de la Academia Mariana por la dedicación intensa durante esos días y el esfuerzo a lo largo del año por difundir la devoción a la Virgen entre las familias de nuestra ciudad. Todos sabéis que la imagen de la Patrona, una esbelta talla de madera blanca, se encuentra situada en el oratorio de la Casa de la Iglesia, en el centro de un hermoso retablo restaurado hace poco tiempo. Desde 1862 hasta nuestros días se han organizado los juegos florales anuales en honor a la Virgen, conocidos como Certamen literario.  

Cada año se invita a este evento a una advocación mariana de diferentes lugares, desde la Virgen del Pilar (1863) hasta la Virgen de Fátima, de Tàrrega (2017). La última ha sido la Virgen de la Merced y el motivo, la celebración de los 800 años de la fundación de la Orden por san Pedro Nolasco. Los mercedarios, que regentan la parroquia de la Merced de nuestra ciudad, han ayudado al realce de la fiesta de este año con la colaboración de los feligreses.

Y por último, la fiesta de la Inmaculada Concepción que celebramos el día 8 de diciembre, que está muy arraigada en la comunidad cristiana.

De las tres advocaciones o imágenes os invito a extraer unas enseñanzas para vuestra propia vida. De la Patrona, la solicitud de protección para todas las familias, instituciones y comunidades de nuestra ciudad. El color blanco de la imagen nos evoca también la claridad de nuestras actuaciones, la transparencia de nuestros pensamientos y deseos, la limpieza de nuestras palabras. De la Inmaculada, la disponibilidad para la colaboración, la coherencia en el diálogo, la fortaleza en la respuesta superando el miedo inicial a lo desconocido. De la Merced podemos aprender, viendo su obra mercedaria de tantos siglos que se concreta en la comunidad ilerdense, su capacidad para el servicio, su entrega a los más necesitados, su audacia para afrontar el peligro, el ansia de libertad para el prójimo y la lucha contra las mil esclavitudes de nuestros días.

Muchas advocaciones pero festejamos a una sola persona, María. Es la Madre de Jesucristo quien desde la cruz nos la regala como madre para todos. Es la mujer purísima y fuerte que nos da ejemplo de constante seguimiento de su Hijo.

Con mi bendición y afecto.

 

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