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Jaume Pujol Balcells

Jaume Pujol Balcells

22 de abril de 2018

 

Con motivo de la 55 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa ha publicado un mensaje que se inicia diciendo: «También en estos tiempos inquietos en que vivimos, el misterio de la Encarnación nos recuerda que Dios siempre nos sale al encuentro y es el Dios-con-nosotros, que pasa por los caminos a veces polvorientos de nuestra vida y, conociendo nuestra ardiente nostalgia de amor y felicidad, nos llama a la alegría.»

Francisco prosigue: «En la diversidad y la especificidad de cada vocación, personal y eclesial, se necesita escuchar, discernir y vivir esta palabra que nos llama desde lo alto y que, a la vez que nos permite hacer fructificar nuestros talentos, nos hace también instrumentos de salvación en el mundo y nos orienta a la plena felicidad.»

Fijémonos en tres palabras que emplea el Papa: escuchar, discernir y vivir.

Escuchar es lo primero. A veces, en la vida cotidiana, alguien está distraído y oye a quien le habla como quien oye llover, hasta que aquel, levantado un poco la voz le pregunta: ¿Me escuchas? Dios nos habla con voz suave, nos susurra algo que espera de nosotros y que no oiremos si estamos demasiado centrados en nosotros mismos o dispersos en las múltiples solicitudes informativas y publicitarias. Hemos de encontrar momentos de silencio y contemplación para escuchar la voz de Dios.

Discernir es la segunda etapa, para las elecciones fundamentales de nuestra vida, desde la carrera o el trabajo hasta el estado de vida. Hemos de rezar para que haya vocaciones también al sacerdocio o al estado religioso. Personas —la mayoría serán jóvenes— que digan «Aquí estoy» al Señor, cuando sientan la llamada, sin miedo, sabiendo que no hay una compañía de seguros que nos garantice la felicidad, sino que es Jesucristo mismo quien nos habló del ciento por uno y la vida eterna.

Por fin, lo tercero es vivir esta entrega que hemos discernido, sea la que sea, siendo personas de fe, que saben que la elección no la hemos hecho por nuestra cuenta, sino que la llamada es de Dios, habitualmente a través de terceras personas de las que tomamos consejo.

Cada día se produce este misterio gozoso de la entrega. Pienso en la ordenación diaconal, que celebraré este domingo, día 22, en El Vendrell, de un tarraconense, Antonio Rodríguez, que después de varios años de servicio público en la política, se prepara para el sacerdocio. Al tiempo que doy gracias, pido que me ayudéis a pedir para que surjan muchas vocaciones para la Iglesia de Tarragona.

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