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Jaume Pujol Balcells

Jaume Pujol Balcells

17 de juny de 2018

El Mar Mediterráneo (mar en medio de tierras) no es una gran extensión de agua si se la compara con otras, pues tiene 3 millones de kilómetros cuadrados, frente a los 106 del Océano Atlántico o los 180 millones del Pacífico.

Pero el Mediterráneo está bordeado por países que han construido lo que llamamos la cultura occidental, heredera de las civilizaciones griega y romana y con el sello del cristianismo. Estos países ribereños tienen en común muchas cosas, incluso un clima en general benigno y unos cultivos característicos.

En base a estas sintonías se organizaron en 1951 los primeros Juegos Olímpicos del Mediterráneo, que este año se celebran en Tarragona. Desde el 22 de junio al 1 de julio, nuestras sedes y subsedes olímpicas acogerán atletas de los tres continentes bañados por el mar: estarán representados 17 países europeos, dos asiáticos y cinco africanos.

En la estela del movimiento olímpico, enraizado en la antigua Grecia, disfrutaremos de una multiplicidad de pruebas deportivas. En su mejor versión el deporte hermana a las gentes y los pueblos. Tarragona se convertirá estos días en la capital de este esfuerzo que pone de relieve las habilidades humanas y la solidaridad basada en la igual consideración de todos y en el respeto a unas normas comunes.

Pienso que esta dinámica olímpica no solo se refleja en el estado físico de sus atletas, sino sobre todo en sus cualidades morales: esfuerzo, predominio de la voluntad, constancia, respeto al adversario, reconocimiento de los méritos ajenos.

En la vida espiritual pude establecerse un paralelismo. Así lo hizo San Pablo en su primera Carta a los Corintios, cuando escribe: «¿No sabéis que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corred, entonces, de manera que lo ganéis. Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible…»

Celebro que Tarragona y poblaciones próximas acojan estos Juegos y deseo expresar mi gratitud para los impulsores de la candidatura, todos los que han trabajado en ella y en especial para los voluntarios que ayudarán al éxito de esta convocatoria haciendo que los recién llegados se encuentren como en su casa.

Finalmente, también será importante que las instalaciones inauguradas, después de muchos esfuerzos para su financiación, queden al servicio de las personas que viven en estas poblaciones y sus barrios.

Son pensamientos que me vienen al contemplar este esfuerzo deportivo realizado para la celebración de unos Juegos a los que les deseo lo mejor.

 

 

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