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Joan Josep Omella Omella

Joan Josep Omella Omella

26 de enero de 2020

Emociona pensar que, en un mundo donde muchas veces nos juzgan no por lo que somos sino por lo que tenemos, haya gente dispuesta a renunciar a todo tipo de bienes materiales. Emociona pensar que, en un mundo donde casi siempre se encumbra y se ensalza la racionalidad como respuesta a todo, haya gente que elija seguir el dictado de su corazón. Emociona pensar que, en un mundo donde se busca la gratificación instantánea, haya gente dispuesta a renunciar a muchas cosas para vivir intensamente su relación con Dios. En definitiva, emociona pensar que, en un mundo donde muchas personas solo creen en lo que ven y en lo que tocan, haya gente capaz de dar la propia vida por unas creencias. Sí, hay personas que consagran su vida a Dios.

Todos esos hombres y mujeres han sido llamados por Dios. ¿Existe mayor honor? Por eso se sienten inmensamente afortunados. Son conscientes de que han recibido un regalo extraordinario. Van a de-dicar su existencia a conocerle y a amarle. Van a vivir la historia de amor más apasionante jamás contada.

La vida consagrada comienza en el momento en que dan el «sí, quiero». Sí, quieren entregarse totalmente a Él. Sí, quieren anunciar su palabra bien alto. Sí, quieren querer hasta el infinito. Quieren ayudar a los más desfavorecidos, a los más pobres, a los que nadie quiere. Quieren ser discípulos de Cristo y seguirlo hasta los confines de la tierra. Y, además, tienen la inmensa fortuna de que Dios sea su jefe.

Dedicarse a la vida consagrada no se puede hacer a medias. La mayoría invierte casi las 24 horas del día, 365 días al año. A veces, tienen que multiplicarse por cuatro para llegar a todo. Sin embargo, la alegría casi siempre se refleja en su rostro a pesar del cansancio, de la falta de recursos y de las pocas horas de sueño.

Los consagrados no cambiarían su vida por nada del mundo. Saben que Dios siempre estará a su lado y que les espera la eternidad junto a Él. Aman con locura a Dios. Están apasionados por Él, por su sabiduría y grandeza, por su infinita bondad. Y quieren dar a conocer el mensaje de Cristo y compartir ese amor que les ha sido dado.

«La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente» es el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra el próximo domingo 2 de febrero y que a nivel diocesano conmemoraremos el sábado día 1, a las 11.30 h, con una Eucaristía en la catedral de Barcelona. Encontrarnos los diferentes carismas suscitados por el Espíritu Santo en bien del pueblo de Dios hace visible la comunión y la necesaria complementariedad entre todos. La Delegación Episcopal para la Vida Consagrada de la archidiócesis de Barcelona, juntamente con la Unión de Religiosos de Catalunya, nos invita a unirnos a esta celebración.

 

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