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Joan Josep Omella Omella

Joan Josep Omella Omella

18 de febrero de 2018

Hace unos días, hablé con una persona que me decía: «Soy cristiano de toda la vida, pero todo lo que hemos vivido estos últimos meses en nuestro país me ha desorientado hasta el punto de perder la vitalidad y la alegría interior con que vivía antes». «Felicidades», le respondí. «Sí, felicidades porque has tomado conciencia de cómo un hecho exterior está afectando tu vida interior». Tomar conciencia es el primer paso para poder reorientar nuestra vida, para nuestra conversión personal.

«Convertíos y creed en el Evangelio». Esta es la invitación de Jesús al inicio de su actividad misionera, que la reforma litúrgica ha recuperado para el rito de la imposición de la ceniza al principio de la Cuaresma.

La Cuaresma es un buen tiempo para revisar nuestra vida interior. Hay muchos cristianos, especialmente agentes de pastoral, que en este tiempo cuaresmal participan en un retiro espiritual más o menos largo. Un día o unos días de retiro, lejos del ajetreo de la jornada, de la vida centrada en el trabajo profesional o en las tareas pastorales, nos abren al silencio, a escuchar nuestro interior y a escuchar la voz de Dios, que nos habla mediante inspiraciones profundas.

Volver a dejar que Dios ocupe el centro de nuestra vida y poder experimentar cómo esto nos ayuda a recuperar el tono vital, es nuestra gran conversión, el gran cambio de orientación en nuestra vida. El retiro espiritual provoca este cambio de lugar y de ritmo, este dejar tiempo para escuchar nuestro interior, este ponernos en contacto con la Palabra de Dios, este abrirnos al acompañamiento espiritual que posibilita que nos demos cuenta de cómo estamos realmente, de lo que nos ayuda y de qué deberíamos ayunar para recuperar el tono vital interior.

Lo esencial del ayuno es ser capaz de no ser esclavo de aquello que nos aparta de Dios. El ayuno nos hace caer en la cuenta de cómo las imágenes, los objetos y las sensaciones que nos rodean reclaman nuestra atención constantemente y nos distraen.

Teniendo en cuenta el objetivo de ser forjadores de concordia que nos hemos marcado para este nuevo año, y enlazando con las palabras que me dijo la persona de la que hablaba al principio, dejadme ofreceros un posible ayuno para el tiempo de Cuaresma de este año. En este sentido, os invito y me invito a mí mismo a vivir estas propuestas:

  1. Ayuna del reenvío de mensajes políticos en las redes sociales. Necesitamos una distancia y un cierto humor. Sólo reenviémonos mensajes que regalen alegría y paz. Las noticias dejémoslas para los medios de comunicación.
  2. Ayuna de aquellas conversaciones que ya sabemos previamente que no llevan a nada positivo y que pueden perjudicar nuestra relación. Ayudémonos a cambiar de tema cuando alguno de nosotros comience.
  3. Ayuna de todo aquello que pueda crear división. Este es un tiempo ideal para redescubrir todo lo que nos une y tenemos en común.

Sólo son siete semanas. ¿Creéis que es posible? Pidamos, sin miedo, ayuda a Dios. A Dios le encanta regalarnos su fuerza para alcanzar la concordia y la comunión en la diferencia. ¡Muy buena Cuaresma a todos!

 

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