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Joan Josep Omella Omella

Joan Josep Omella Omella

21 de octubre de 2018

El penúltimo domingo de octubre se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND). Es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones.

En nuestro mundo podemos ver fácilmente cambios superficiales, que dejan las cosas como estaban, y cambios a peor, porque derivan de acciones injustas y que atentan contra la dignidad del ser humano. Frente a ello, los misioneros nos demuestran que es posible hacer cambios a mejor, profundos y reales. De ahí el lema de este año: «Cambia el mundo».

Esta realidad la he podido volver a comprobar este verano en Madagascar, donde he pasado casi dos semanas compartiendo la vida con los obispos, sacerdotes, religiosos y pueblo de Dios de las diócesis de Ambanja y Diego Suárez (Antsiranana), situadas al norte de esta isla africana con una superficie algo mayor que la de España. El motivo de mi viaje era predicar ejercicios espirituales a los sacerdotes de ambas diócesis. Ello me ha permitido tener un contacto directo con 2 de los 1.113 territorios de misión (un tercio de la Iglesia mundial), cuya vida y labor aún dependen de ayudas externas, tanto económicas, como personales y espirituales.

En Madagascar, visitando diversas escuelas, orfanatos, dispensarios médicos, residencias para leprosos y tuberculosos, monasterios de clausura que empiezan a florecer, parroquias vivas y también comunidades que empiezan su andadura…, uno se da cuenta de la gran labor que realizan nuestros misioneros y misioneras. Son forjadores de esperanza en zonas del mundo donde parece que el cambio es imposible dada la precariedad, la corrupción, la violencia… Ellos, unidos a Jesucristo y alimentados de su Vida, mantienen viva la esperanza de la comunidad y recuperan, poco a poco, la dignidad perdida.

El principal responsable de las Obras Misionales Pontificias es el Papa, y para ello se sirve de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que convoca esta Jornada Mundial del DOMUND. Sin embargo, el Papa también necesita nuestra colaboración. Una cooperación a tres niveles:

Espiritual: Os invito a escuchar y meditar la Palabra de Dios, y a rezar por los misioneros. La oración es el don y la fuerza que necesita la Iglesia para desarrollar la labor misionera cada día.

Personal: Quizás recibas la llamada del Señor a ser misionero para anunciar el Evangelio en algún rincón del mundo. Pero no olvides que también es de gran valor la ayuda de los colaboradores y voluntarios misioneros, que dedican su tiempo a informar y sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de la ayuda misionera.

Material: Es la colaboración económica de quienes comparten lo que tienen. Te animo a dar sin miedo. Decía santa Teresa de Calcuta: «Da hasta que duela». A través de nuestras aportaciones, es posible el funcionamiento y desarrollo de los territorios de misión para llevar a cabo proyectos sociales y de evangelización. No olvidemos que la Iglesia existe para evangelizar.

Queridos hermanos, tengamos hoy un recuerdo para nuestros misioneros. Os animo a participar desde vuestra parroquia, haciendo vuestro donativo en la colecta de este domingo, que destinamos al DOMUND.

 

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