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Mons. Joan Enric Vives Sicília

Mons. Joan Enric Vives Sicília

10 de diciembre de 2017

Hace tres meses, el Papa Francisco dijo solemnemente en Cartagena de Indias (Colombia): "La historia nos pide asumir un compromiso definitivo en defensa de los derechos humanos, aquí, en Cartagena de Indias, lugar que ustedes han elegido como sede nacional de su tutela... Si Colombia quiere una paz estable y duradera, debe dar urgentemente un paso en esta dirección, que es la del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias". Vale en todo el mundo este programa, y ​​hoy podríamos renovar este compromiso, ya que hoy, día 10 de diciembre, se conmemora, precisamente, el Día Internacional de los Derechos Humanos. Fue en ese día de 1948, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en París, aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se trata de un documento con un Preámbulo y 30 Artículos con los derechos de carácter religioso, civil, político, social, económico y cultural, donde se subrayan los derechos humanos considerados básicos y que se aplican, sin excepción, a todos los seres humanos. Hoy en día ya se han convertido en ley internacional y están incorporados, por ejemplo, a la legislación fundamental española y andorrana, que los tienen como una de sus fuentes de derecho. Se trata de un documento de obligado cumplimiento por todos los estados miembros de la comunidad internacional, pero el gran reto es si se están cumpliendo en la práctica. Para vigilarlo, el año 2006 se creó en el seno de las Naciones Unidas un organismo especial llamado "Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas". La Declaración es el documento traducido a más idiomas del mundo, sólo superado por el libro de la Biblia.

Sin acudir a la evolución y formulación del derecho natural ya desde la Edad Media y Moderna, se puede afirmar que la actual Declaración tiene unos precedentes como la Bill of Rights o carta de derechos que adoptó el Parlamento de Inglaterra (1689), la declaración de derechos de la constitución de los Estados Unidos (Bill of Rights de 1787) y la declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano que adoptó en 1789 la Asamblea Nacional Constituyente francesa. Y resumiendo su adopción y aceptación en la Iglesia podríamos decir que es Juan XXIII quien, en su famosa encíclica "Pacem in Terris", asume la libertad de conciencia y hace posible la aceptación eclesial de los derechos humanos, que luego encontrará su lugar en el magisterio del Concilio Vaticano II, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, hasta llegar a la resumida contundencia del Santo Padre Francisco.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: "El bien común incluye tres elementos esenciales: el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona; la prosperidad o el desarrollo de los bienes espirituales o temporales de la sociedad; la paz y la seguridad del grupo y de sus miembros" (CIC nº 1.925). Y el Papa Juan XXIII enseñaba: “En la época actual se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aquí que la misión principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: por un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; por otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo ser público” (Pacem in Terris 60). Os invito a hacer nuestro el programa de acción social basado en el compromiso definitivo en defensa de los derechos humanos, elemento esencial hoy de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

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