catala espanol
Facbook Facebook Facebook

Enric Benavent Vidal

Enric Benavent Vidal

28 de julio de 2019

Concluimos hoy la presentación de algunos de los jóvenes propuestos por el papa Francisco en la exhortación Cristo vive como testimonios de vida cristiana, recordando a la beata Chiara Badano. Nació en 1971 en el seno de una familia humilde que vivía la fe con naturalidad. Para sus padres fue un regalo de Dios, pues después de 11 años de matrimonio habían tenido descendencia. Falleció en 1990 como consecuencia de un cáncer de huesos. Su corta existencia da prueba de la fuerza que tiene la gracia de Dios para abrir el corazón del ser humano al Evangelio y fortalecerlo en medio de las situaciones más difíciles que pueden presentarse en la vida de las personas.

Chiara vivió la fe con naturalidad desde su infancia. Para ella la palabra del Evangelio, que nos pide amar a todos, era la norma que ya siendo niña intentaba poner en práctica en todo momento. A los 4 años en el colegio daba su merienda a una niña más pobre que ella. Cuando su madre se enteró le preparaba dos meriendas, que eran compartidas con niños más necesitados porque en ellos veía a Jesús. Cuando se enteraba de que un compañero no tenía juguetes le regalaba los mejores que guardaba. En las relaciones con los vecinos, especialmente con los más marginados y aquellos que no eran amados por los demás, intentaba mostrar el amor de Dios teniendo detalles de afecto hacia ellos. Para ella era más importante transparentar el amor de Dios que hacer muchos discursos para convencer a quienes estaban alejados de la fe. No desaprovechaba ninguna ocasión para ayudar a los más necesitados y compartir sus bienes.

En el movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, descubrió a los 13 años un camino concreto de espiritualidad que le ayudó a crecer en el amor a Jesucristo y abandonarse en sus manos. A los 17 años se le diagnostica la grave enfermedad que la llevaría a la muerte. La fuerza de la gracia se manifiesta a partir de este momento en el modo de afrontar el sufrimiento. El amor a Jesús abandonado le infundió una fortaleza capaz de soportar toda adversidad. Los médicos que la trataban calificaban la serenidad con la que Chiara afrontaba la enfermedad como algo excepcional e increíble. Esto únicamente se puede comprender a la luz del misterio de la gracia: su actitud era completamente sobrenatural, fruto de la gracia divina, de una fe que le hacía no dudar de Dios en ningún momento y afrontar desde una actitud positiva y alegre los sufrimientos y el dolor propio de la enfermedad. Todos los que la visitaban pensaban llevarle afecto y consuelo, pero en realidad eran ellos quienes recibían consuelo y estímulo, porque difundía alegría y la esperanza de vida eterna.

Cuando sintió cercana la muerte exclamó: “Cuando muera, no sufriré más, iré al cielo y veré a Jesús y a la Virgen”. En ella la gracia cambió el dolor en alegría y las tinieblas en luz. Su testimonio de frescura y entusiasmo de la fe y de alegría en el dolor es una buena noticia para un mundo tantas veces rico materialmente, pero a menudo enfermo de tristeza e infelicidad.

 

ir atras - anar enrera - go back
La voz de la iglesia
subir arriba
Este sitio utiliza cookies, puedes ver la política de cookies, aquí -
Política de cookies +