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Mons. Enric Benavent Vidal

Mons. Enric Benavent Vidal

15 de octubre de 2017

El próximo domingo celebraremos en toda la Iglesia la jornada mundial de las misiones, más conocida como el dia del Domund. Hasta hace unas décadas la idea de la misión despertaba entusiasmo entre los cristianos, y la celebración de este domingo movilizaba a los católicos de todas las edades. Actualmente hemos de reconocer que para muchos es una jornada que pasa desapercibida. Y esto no debería ser así, porque, como nos ha recordado el papa Francisco en su mensaje para este año, la misión está “en el corazón de la fe cristiana”. Quien ha conocido a Cristo, ha encontrado la alegría y la esperanza y, por ello, desea que todos los hombres puedan llegar a conocerlo y amarlo, y se alegra de que esto sea una realidad. La misión no es, por tanto, un elemento secundario en la vida de la Iglesia. Esta es misionera por naturaleza: “si no lo fuera (nos dice el papa Francisco), no sería Iglesia de Cristo”.

La misión no pretende hacer una iglesia más poderosa ni más fuerte humanamente hablando; tampoco propagar una ideología religiosa o una propuesta ética sublime. Se trata de ofrecer al mundo aquello que más necesita: al mismo Jesucristo.  El Evangelio es una persona. Cuando este se anuncia, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro. Como Buen samaritano continúa curando las heridas sangrientas de la humanidad, y como Buen pastor busca sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin meta. Todo hombre, especialmente aquellos que sufren y están sin esperanza, necesitan de Cristo, que es Camino, Verdad Vida.

Si todos los hombres conocieran y amaran a Jesús, seguramente nuestro mundo sería mejor: habría más justicia, más paz y amor entre los hombres. El Reino que comenzó con Él sería más visible en nuestro mundo. La misión nos recuerda que Jesucristo, y no el poder o el dinero, es el camino de la Iglesia, porque es el tesoro más grande que esta puede ofrecer a la humanidad. En Él, y no en otras cosas, está el poder transformador del Evangelio. El anuncio de Cristo es el camino más limpio y generoso para la transformación de nuestro mundo. Ayudar a las misiones es una forma de trabajar por un mundo más digno del ser humano.

La jornada del Domund debe ser para todos los católicos un dia de oración por aquellos que, movidos por un gran amor a Jesucristo y a los hermanos, han dejado su casa y su tierra y han entregado su vida a la causa del Reino de Dios. La vocación misionera exige no tener miedo a darlo todo por Cristo, pues se tiene la certeza de que siempre nos da mucho más de lo que nosotros le podamos dar a Él.

Los misioneros generalmente viven su misión en un contexto de pobreza. Necesitan por ello la colaboración y la solidaridad de todos los católicos. Nuestra generosidad con ellos es una forma de compromiso con la causa del Evangelio. Que la jornada del Domund de este año nos ayude a que la pasión por la misión no se apague en el corazón de la Iglesia.

 

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