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Enric Benavent Vidal

Enric Benavent Vidal

22 de abril de 2018

Hace 55 años el Beato Pablo VI determinó que el cuarto domingo de pascua, en el que escuchamos las palabras en las que Jesús se presenta a sí mismo como el Buen Pastor, se celebre en toda la Iglesia la Jornada mundial de oración por las vocaciones. El tema elegido por el papa Francisco para este año, que está en sintonía con el que se debatirá en la próxima asamblea del Sínodo de los obispos, nos sitúa ante lo que es esencial en todo proceso vocacional, que para los cristianos no consiste en realizar un proyecto o deseo propio, sino en intentar descubrir la misión que Dios ha determinado para cada cual y ponerse a su servicio.

El camino vocacional comienza cuando alguien se pone a la escucha de la Palabra de Dios en un clima de oración. Los jóvenes de hoy viven en un mundo en el que, por las posibilidades de las nuevas tecnologías, constantemente están recibiendo mensajes; en una sociedad ruidosa en la que la abundancia de información inunda sus vidas. Ante tantas palabras puede ocurrir que no se distinga entre lo que es importante y lo que es secundario, ni entre aquellas cosas que son positivas o destructivas para la persona. Los cristianos creemos que la palabra del Evangelio es la que más necesita nuestro mundo y, desgraciadamente, a la que menos atención se le presta. Uno de los retos que tenemos es ayudar a los jóvenes a abrir su corazón a la Palabra del Señor, que les habla en el Evangelio. Esta actitud orante les permitirá escucharlo también en los acontecimientos de la vida y saber leerlos con ojos de fe.

Si un joven vive en esta actitud de atención a las cosas de Dios, de una manera natural se preguntará por la voluntad de Dios sobre él. Es entonces cuando comienza el proceso de discernimiento de la propia vocación, para intuir hacia dónde y qué es lo que el Señor le pide para ser continuador de su misión. Este discernimiento implica una reflexión sobre uno mismo, sobre las propias cualidades y los sentimientos que suscitan en el corazón las distintas opciones posibles en el seguimiento de Cristo y exige una gran sinceridad personal ante Dios, ante uno mismo y ante las personas que le puedan aconsejar. Todo esto debe conducir a una primera elección fundamental, que es la del estado de vida. Cada joven tiene su ritmo, que debe ser respetado.

El discernimiento debe llevar a una decisión. A muchos jóvenes les cuesta actualmente asumir el riesgo de una elección y permanecen en la indecisión esperando siempre un tiempo más adecuado. La misión cristiana, nos dice el Papa Francisco en su mensaje de este año, es para el presente. Todos los cristianos están llamados a convertirse en testigos del Señor aquí y ahora en su propia vocación, sea esta la vida laical en el matrimonio, el ministerio ordenado o la vida de especial consagración.

El Papa concluye recordando que el Señor sigue llamando hoy para que le sigan, e invita a los jóvenes a escuchar su voz con corazón abierto y a ser generosos en la respuesta a esta llamada. Que en nuestras familias y comunidades sepamos crear un ambiente favorable a acoger esta llamada del Señor.

Con mi bendición y afecto.

 

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