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Francesc Pardo Artigas

Francesc Pardo Artigas

17 de junio de 2018

En una revista sobre la misión de la Iglesia leí una reflexión que tenía por título: “Elogio de la religión”. Su finalidad era la de ayudar a descubrir las aportaciones de la religión en la construcción de un mundo más justo.

Me pareció de una gran actualidad, porque, con frecuencia, la religión se reduce a unos actos privados sin relación alguna con la vida pública. Por ello me permito esta reflexión sobre las religiones, concretándola en la cristiana-católica.

- La religiones, cuando no son manipuladas e instrumentalizadas, hacen una aportación importante a la sociedad. Manifiestan la dimensión trascendental de cada cultura. Hablan del sentido de la existencia humana. Son importantes en la creación de los valores éticos, ayudan a formar estilos de vida y se proyectan en la vida pública.

- Las religiones “no amenazan la convivencia”, tal como algunas voces manifiestan. Es evidente que puede darse un cierto fanatismo religioso, pero ello no ha de ser obstáculo para valorarlas como una de las formas de identidad cultural con capacidad para movilizar personas y sociedades. Escribe la UNESCO “que las culturas ofrecen a las religiones su lenguaje, y las religiones ofrecen a la cultura su significado más esencial”.

- El hecho religioso afecta a todos los miembros de un grupo humano, sean o no creyentes, porque propone unos valores, unas actitudes y unos comportamientos que tienen una gran repercusión social.

- Para construir un mundo más justo debe trabajarse la dimensión espiritual fundamentada en el amor y la compasión. La religión no puede resolver por sí misma los problemas económicos, políticos y sociales, pero sí que puede conseguir un cambio de mentalidad, una transformación del corazón, una conversión y unas formas de vivir que no se pueden conseguir únicamente con propuestas económicas, políticas o sociales.

- La religión educa en las actitudes éticas y democráticas fundamentales. La democracia no es real si no se viven unos valores que se fundamentan en el respeto a las personas, del todo necesarios para una buena convivencia. La religión puede contribuir de un manera eficaz a construir una cultura cívica y democrática porque favorece el ocuparse de las necesidades de todos cuantos compartimos el día a día favoreciendo el “bien común”. No olvidemos su trabajo de purificación interior, de conversión, de autocontrol, de disciplina y de altruismo.

- Educa en el consumo responsable. Vivimos en sociedades consumistas y muy competitivas, con un modelo de bienestar basado en la posesión y acumulación de bienes.

El consumismo, con frecuencia nos domina, sin ser del todo conscientes, y se convierte casi en una nueva religión del “dios mercado”. Al mismo tiempo, crea necesidades artifíciales mediante la publicidad y otras técnicas. La religión aporta su sabiduría para regular el deseo de posesión, y favorece una vida sobria.

- Capacita a un diálogo que presupone saber escuchar si verdaderamente queremos alcanzar un consenso fundamental a partir de valores comunes desde la diversidad y la pluralidad. Es precisa la búsqueda de espacios nacionales y transnacionales en los que la diversidad cultural, política y religiosa sea reconocida, acogida y objeto de diálogo.

- Compromiso con la cultura de la paz. El anhelo de paz es un factor muy importante de la dimensión espiritual. Por ello es necesario que la persona viva el don de la paz y, así, se convierta en pacificadora. La religión, si es auténtica, siempre favorece la paz.

 

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