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Mons. Francesc Pardo Artigas

Mons. Francesc Pardo Artigas

15 de octubre de 2017

Nada de turbe, nada te espante, Quien a Dios tiene nada le falta. Nada de turbe, nada te espante solo Dios basta”.

Este domingo celebramos la memoria de santa Teresa de Jesús, la santa de Ávila.

Con frecuencia, unido en oración con los jóvenes, nos acompaña esta invocación poética de la santa que invita a la confianza en todas las situaciones de la vida.

A menudo, durante estas plegarias, al contemplar a los chicos y chicas me he preguntado por el mensaje que nos ofrece la vida y la obra de esta gran mística y al mismo tiempo activa santa.

Pienso que su memoria nos aporta preocupaciones y convicciones que ella vivió y que nosotros también vivimos: concretamente, las dificultades para descubrir la propia vocación; las grandes dificultades para orar y convertirnos en maestros de plegaria; la confianza plena en Dios y la fortaleza para afrontar las dificultades, la auténtica reforma o como cambiar aquello que no nos agrada. La gran reformadora.

Por eso nos puede ayudar recordar algunos trazos de su personalidad.

- Fue una joven que luchó durante largo tiempo para ir descubriendo su verdadera vocación. Fue intuyendo la llamada del Señor a partir de su disponibilidad a la acción del Espíritu.

Dadme riqueza o pobreza, Dadme consuelo o desconsuelo. Dadme alegría o tristeza, Dadme infierno o dadme cielo, Vida dulce, sol sin velo. Pues del todo me rendí, ¿Qué mandáis hacer de mí?

- Contemplativa y activa tanto para vivir en profundidad el tesoro de la vida consagrada como para proponerla y fundar monasterios reformados.

- Mujer de plegaria profunda, pese a los años —parece que fueron veinte— de sequía interior cuando se proponía orar. Maestra en oración, maestra en espiritualidad, la definió Pablo VI cuando la proclamó doctora de la Iglesia.

- Mujer fuerte en el sufrimiento que le viene de su familia de carne y sangre, por la primera familia religiosa, por la falta de salud, por la propia Iglesia y sus denuncias a la Inquisición , por las dificultades de los viajes en aquella época, que la llevaron a vivir penurias situaciones difíciles.

- Mujer de una gran experiencia mística.

Se trata de la más honda unión de la persona con Dios que se pueda experimentar en la tierra. Podemos hablar de matrimonio espiritual con Dios, amor que todo lo inunda.

Precisamente por las dificultades que con frecuencia experimentamos para orar, recuerdo que ella compara los niveles de oración con cuatro maneras de regar un huerto.

  1. Regar llevando el agua en cubos desde un pozo. Oración mental, interior, de meditación. Recoger el pensamiento en silencio evitando las distracciones. Estar muchas veces tratando a solas con quien nos ama. Requiere un esfuerzo personal.
  2. Regar por medio de una noria. Oración contemplativa, de recogimiento. Esfuerzo personal que permite empezar a saborear los frutos de la plegaria.
  3. Regar por medio de canales desde la fuente. Oración de unión. El esfuerzo personal es muy pequeño… Todo está absorbido por un intenso sentimiento de amor y de paz.
  4. Regar con la lluvia que cae del cielo. El éxtasis. Disfrutar sin entender lo que se disfruta. - Mujer reformadora.

Santa Teresa, fundadora de una gran orden religiosa que recupera la espiritualidad del Carmelo.

Vivió muchas dificultades debido a la reforma del Carmelo. Confió en Dios para conseguirla.

¡Una santa con un mensaje para nuestra época!

 

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