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Mons. Francesc Pardo Artigas

Mons. Francesc Pardo Artigas

25 de junio de 2017

Estos días, un buen número de enfermos, enfermeras, hospitalarios, peregrinos, (unos 800) vivimos la peregrinación anual al santuario de la Virgen de Lourdes, organizada por la Hospitalidad.

Preparándola, pensaba en los enfermos, los que están en Lourdes, pero también en los que permanecen en sus hogares, residencias y hospitales.

En Lourdes

Este año, al celebrarse el 25 aniversario de la Jornada Mundial de los Enfermos, el lema de Lourdes, indicado por el Papa Francisco, corresponde a la primera expresión del canto de María, el Magníficat: “El Poderoso ha hecho obras grandes en mi”.

María reconoce las grandes obras, la acción de Dios en ella y en los débiles, los enfermos, los pobres. Con frecuencia nos fijamos en las apariencias, en la fachada, con una mirada superficial y no contemplativa. María, en la ambigüedad de aquellos momentos históricos, descubre todo cuanto Dios ha hecho en Ella y en los más necesitados.

Contemplándonos y contemplando nuestra experiencia con los enfermos en Lourdes, será bueno reconocer las “grandes cosas de Dios” en ellos y en nosotros, los acompañantes.

Experiencia de curación, si no de todas las enfermedades, sí de las del espíritu, porque se recupera la serenidad, la paz, la fortaleza, la ayuda ante el dolor, el consuelo en la aflicción.

Experiencia de curación de los corazones endurecidos por el pecado y por tantas heridas que la vida y algunas personas han provocado.

Experiencia con los más debilitados por la salud, los más humildes y pobres, llenos de bienes y exaltados.

En familias y en residencias

A las familias que atendéis y servís a algún enfermo debemos agradeceros el que con vuestra dedicación les ayudáis a vivir el Magnificat. También el enfermo puede sentirse objeto de estimación al verse ayudado en sus sufrimientos. Y, al mismo tiempo, su presencia puede ser una buena ocasión de humanización para toda la familia.

En las residencias donde se esfuerzan en ofrecer un buen servicio a los ancianos siempre les faltará algo decisivo, la visita, la compañía, el afecto de familiares y amigos. Es necesario que familiares y amigos contribuyan a hacer que la residencia se convierta de alguna manera en un “espacio familiar”.

En los hospitales

Es bueno valorar todos los servicios médicos de los profesionales de la salud, pero sin olvidar que en los hospitales hay equipos de sacerdotes y laicos que cuidan del espíritu: “el servicio religioso”. El diagnóstico, la intervención necesaria y la curación del cuerpo son fundamentales, pero el enfermo es una “persona”, con una dimensión “espiritual” que también es necesario atender i servir. Toda persona, al ingresar en un hospital, tiene derecho a solicitar del servicio religioso ser visitado y atendido.

Desde Lourdes agradecemos a los profesionales de la salud, a los familiares que cuidan enfermos, a los sacerdotes y a los equipos de Pastoral de la Salud de los hospitales, a los voluntarios que visitan enfermos, a los cuidadores de las residencias… todo cuanto ofrecéis a los enfermos.

Durante el año 2016 se han realizado unas 7.100 intervenciones pastorales en nuestros hospitales de la red pública; y en el ámbito parroquial y de residencias se han acompañado 956 personas.

Desde Lourdes debemos agradecer a los enfermos su testimonio cuando viven con serenidad, fortaleza y ánimo su enfermedad.

¡Virgen de Lourdes, salud de los enfermos, rogad por nosotros!

 

 

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