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Agustí Cortés Soriano

Agustí Cortés Soriano

29 de julio de 2018

Es normal elegir, en la medida de lo posible, la compañía con la cual pasamos el tiempo de las vacaciones. Si podemos, solemos elegir los amigos o la familia, en el supuesto de que su presencia al lado signifique una satisfacción, una alegría añadida al descanso y y al disfrute de la vida.

También en esto hay pequeños intereses. Elegimos los amigos más divertidos, los más afines, los que facilitan más el acceso a determinadas experiencias… Pero también podemos proponernos vivir las vacaciones para profundizar el amor y la amistad. La familia, los amigos, también merecen algo de nuestro tiempo, un tiempo que sirva para que crezcan los lazos de conocimiento y amor mutuo.

Si no se proyecta así el tiempo de vacaciones, existe el riesgo (frecuente por lo demás) de que se salga de él peor que como se había entrado. Vivir juntos, decidir juntos, compartir experiencias, es una prueba que mide la calidad de la relación: puede crecer la amistad o puede ponerla en crisis e incluso hacerla desaparecer.

Para que esto no ocurra, lo primero que hemos de hacer es no planificar las vacaciones pensando solo en uno mismo. Las vacaciones pueden llegar a ser una de las vivencias más egoístas de todo el año. Y es que el deber impuesto por el trabajo cotidiano se suele vivir así: “impuesto”, controlado desde fuera de la propia voluntad, con lo cual las vacaciones se buscan como el tiempo en que uno hace lo que quiere, libre de imposiciones. ¿Por qué cargar, entonces, con las necesidades del otro?

Pensar así no facilita el auténtico disfrute del tiempo libre. Lo mejor sería recibir el mejor amigo y compañero para las vacaciones, es decir, Jesús. Como hemos dicho desde estas páginas, recibir a Cristo, su presencia viva y cercana, es garantía del mayor gozo. Hablando de nuestra amistad con Él, recordemos que se quiso identificar ante sus discípulos como “amigo” frente a la imagen del “amo” (Por cierto, algunos que se dicen “amigos”, en realidad se comportan como “amos”). Según Él, ser amigo significa, ante todo, dos actitudes fundamentales: la comunicación (“os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre”) y la donación de sí mismo por quienes se ama (“nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” Jn 15,13-15). También es verdad que, para seguirle, exige reciprocidad, amarle sobre todas las cosas (cf. Lc 14)

También es verdad que, para seguirlo, exige un tipo de reciprocidad, estimarlo sobre todas las cosas (cf. Lc 14). Nunca conseguiremos esta reciprocidad. Pero bien es verdad que nuestra amistad con Jesús reúne las dos condiciones esenciales del auténtico amor: ser exigente y a la vez ser fuente de alegría y plenitud.

En definitiva invitamos a “mantener despierta y activa una conversación amigable con Jesús en cualquier momento de las vacaciones”, dejar que su presencia ilumine, llene de sentido, estimule el crecimiento y empape estos instantes que nos proporciona el tiempo libre.

Con un compañero así al lado, y con su mismo Espíritu en el corazón, la vida se hace, no solamente más “soportable”, sino mucho más positiva, mucho más en crecimiento, en ascenso, como un camino que no deja subir hacia la verdadera felicidad. También las vacaciones son un buen peldaño en esta subida.

Por ello es un amor que pide una cierta reciprocidad. Una reciprocidad que nunca alcanzaremos (siempre nos querrá mucho más y más perfectamente), pero que lo podemos vivir si nos abrimos a su presencia por gracia y como un regalo.

Con un compañero así al lado, con su espíritu en el corazón, ya se puede hacer camino. Será un camino que asciende hacia la verdadera alegría. Y entonces las vacaciones, el tiempo libre, constituirá un buen escalón. El cielo no serán “unas vacaciones continuadas”, pero las vacaciones de hoy pueden ser un buen escalón en esta subida.

La presencia de Jesús nos estimula a salir de nosotros mismos, de forma que se ensancha nuestra capacidad de amistad y, por tanto nuestro espacio interior para recibir muchos más compañeros de camino, disfrutando de su compañía.

 

 

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