Fecha: 9 de junio de 2024

Estimados y estimadas, Olga Mundo, profesora de Religión Católica en el Instituto de Castelló d’Empúries, ha hecho públicos en un libro que lleva por título Rússia càlida (Editorial Sunya), un conjunto de dietarios de viaje que recogen, tal como dice ella misma, los acontecimientos que le ha sugerido en tierra rusa las muchas veces que ha podido viajar. Los itinerarios por aquellas tierras se entrelazan con los caminos de su propia vida, hasta el punto que llevan a la autora a intercalar las reflexiones sobre aquellos acontecimientos con otras reflexiones sobre su propia tierra catalana y sobre otros aspectos de la vida cotidiana. Los dietarios reflejan ante todo una experiencia y una inquietud espiritual que la autora expone abiertamente.

Olga se presenta como una mujer curada por Jesús, como muchas de las que le acompañaron en su vida mortal, y se confiesa cautivada por la religiosidad ortodoxa y por la belleza de su liturgia. De aquí que, también desde hace años, dirija un taller de pintura de iconos en el Santuario de la Font Santa de Jafre (Girona). A pesar de que las visitas a Rusia han sido siempre con viajes organizados, ella ha hecho su propio «itinerario espiritual», al margen de las actividades del grupo. Incluso podríamos decir que, para ella, se trataba de auténticos «peregrinajes». En una época en que se han impuesto las imágenes gráficas ―fotos, videos…―, se agradece que la autora recupere el dietario de viaje. Aunque «vale más una imagen que mil palabras», esto solo es verdad si existen antes las mil palabras.

Sus reflexiones son sinceras, de una persona profundamente convencida de su fe, marcada por alguna experiencia que ha transformado su vida, y que no tiene complejos a la hora de confesarla. Son reflexiones hechas «sin filtro» y nada improvisadas. Todas ellas rezuman un profundo convencimiento cristiano, así como un agudo espíritu crítico. No es, en absoluto, un libro monotemático: Hay reflexiones de cariz histórico, estético, político, pedagógico, cultural, teológico; incluso de cariz familiar. En algún momento, las referencias a la religión pueden parecer obsesivas. Pero se trata siempre de reflexiones enriquecedoras de alguien que ha leído mucho y que mantiene una mirada crítica sobre el mundo que le rodea. Agradezco que se haya decidido a publicar estos dietarios, en primer lugar, porque esto la ha obligado a poner por escrito una experiencia y, por lo tanto, a definir muchas cosas; pero también porque ahora podrá recibir comentarios y apreciaciones de los lectores que la ayudarán a enriquecer esta experiencia. Escuchar otros puntos de vista forma parte de la propia experiencia, y no va en detrimento del propio convencimiento.

En unos momentos en que están de moda literaturas New Age o similares, que tienen por único objetivo complacer y gustar a los lectores, un libro como este reconforta porque, guste más o menos, incomoda y hace pensar, que es lo único que se le pide a un libro. A modo de ejemplo, acabo con un pasaje ya hacia el final, que dice: «Nos hemos dedicado a una teología que está en diálogo con el mundo de la cultura y quizás haría falta una que esté en diálogo con el mundo de la fe. Lo primero que tenemos que hacer, y que cuesta muchísimo, es creer que Dios nos ama» (pág. 240). Pensemos en ello.

Vuestro,