Fecha: 6 de abril de 2025

Cuando un grupo humano o una sociedad entera tiene un acontecimiento cerca, lo rodea de un ambiente propicio para la celebración y muchos ciudadanos lo tienen en boca constantemente. Para preparar, para vivir o para analizar posteriores consecuencias sobre dicho acontecimiento: todo gira alrededor de ese mencionado hecho y parece que es el comentario común de nuestras conversaciones y preocupaciones. También nos alegra anunciar su celebración porque lo consideramos muy importante para nosotros y deseamos invitar y hacer partícipes al resto de los mortales. Solemos acentuar además las características propias que lo convierten en algo digno de ser visitado y visto. Para ello se organiza, entre otras cosas, el pregón.

El diccionario de la lengua dice que el pregón es la promulgación o publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos de una cosa que conviene que todos sepan. Añade otra acepción: Discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella. No resulta nada extraño para nosotros. A lo largo del año hemos instituido el pregón para anunciar y preparar una fiesta determinada. Lo hacemos con frecuencia y se acomoda con relativa normalidad al anuncio que la Iglesia celebra durante los días de la Semana Santa.

El Secretariado diocesano de Cofradías también ha organizado el pregón de la Semana Santa en la catedral para la tarde del sábado, 5 de abril. El acto tendrá dos partes: en la primera una alocución sobre el acontecimiento central del año cristiano a cargo del Arzobispo de Zaragoza, D. Carlos Escribano; en la segunda un complemento musical y oracional. Está abierto a todos y participarán los responsables y miembros de las distintas cofradías de nuestra diócesis. No quiero insistir en la capital importancia de la celebración de la fiesta que merece un anuncio digno y solemne por parte de todos los cristianos. Por ello se ha buscado un realce especial en el anuncio para que todo nuestro entorno se entere, un año más, del hecho central en el que se asienta nuestra fe: la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En estos momentos en que parece que nuestra sociedad se olvida de Dios o pretende vivir como si no existiera es una exigencia de todo cristiano anunciar con palabras y, sobre todo, con el testimonio que la presencia y el amor suyo están en el centro y mueven los corazones de millones de personas en todo el mundo.

No todas las parroquias organizan un pregón. Ni siempre ha sido así. Lo verdaderamente importante es la vivencia de la celebración y eso lo tenéis muy cerca de vuestros domicilios. En las parroquias y centros de culto participaréis del Domingo de Ramos, de la Cena del Jueves Santo, de los Oficios del Viernes y de la luminosa resurrección del Domingo de Pascua. Todos somos conocedores de los distintos horarios de los actos y os pido vuestra participación. Lo podéis completar con la asistencia a otras manifestaciones públicas de la fe como son los actos devocionales y las procesiones por calles y plazas.

El anuncio de la fiesta nos alerta y nos anticipa la alegría por su celebración. Sabemos que el anuncio o pregón es una aportación verbal de alguien que intenta ayudar a convertirse a los oyentes para que confiesen con mayor autenticidad a Jesucristo y colaboren en la transformación más justa y solidaria de nuestro mundo. Alguno pensará que es mucho lo que se le pide a un pregón pero, con las distintas cautelas, conviene repetir el compromiso personal y comunitario que se adquiere con el voluntario seguimiento de las palabras y los gestos de Jesús. Eso permite recordar y no olvidar nunca el núcleo esencial de la vida cristiana. Hagámoslo con mucha alegría pues somos portadores y peregrinos de esperanza.